Guardianes que dibujan puentes entre culturas...







•´¯`•-☆RINCÓN DE LECTURA☆-•´¯`•(6)

Encuentro en mi vida millones de cuerpos; de esos millones puedo desear centenares; pero de esos centenares, no amo sino uno. El otro del que estoy enamorado me designa la especificidad de mi deseo.


Hay dos afirmaciones del amor. En primer lugar, cuando el enamorado encuentra al otro, hay afirmación inmediata (psicológicamente: deslumbramiento, entusiasmo, exaltación, proyección loca de un futuro pleno; soy devorado por el deseo, por el impulso de ser feliz) digo sí a todo (cegándome). Sigue un largo túnel: mi primer sí está carcomido de dudas, el valor amoroso es incesantemente amenazado de depreciación: es el momento de la pasión triste, la ascensión del resentimiento y de la oblación. De este túnel, sin embargo, puedo salir; puedo “superar”, sin liquidar; lo que afirmé una primera vez puedo afirmarlo de nuevo sin repetirlo, puesto que entonces lo que yo afirmo es la afirmación, no su contingencia: afirmo el primer encuentro en su diferencia, quiero su regreso, no su repetición. Digo al otro (viejo o nuevo): Recomencemos.



El lenguaje es una piel. Yo froto mi lenguaje contra el otro. Mi lenguaje tiembla de deseo. La emoción proviene de un doble contacto: por una parte, toda una actividad discursiva viene a realzar discretamente, indirectamente, un significado único, que es "yo te deseo", y lo libera, lo alimenta, lo ramifica, lo hace estallar (el lenguaje goza tocándose a sí mismo); por otra parte, envuelvo al otro en mis palabras, lo acaricio, lo mimo, converso acerca de estos mimos, me desvivo por hacer durar el comentario al que someto la relación.

(Hablar amorosamente es desvivirse sin término, sin crisis; es practicar una relación sin orgasmo. Existe tal voz una forma literaria de este coitus reservatus: el galanteo.)




La vida demoníaca de un enamorado es semejante a la superficie de un solfatara; grandes burbujas (candentes y cenagosas) estallan una tras otra; cuando una cae y se apaga, regresa a la masa, otra, más lejos, se forma, se infla. 
Las burbujas, "Desesperación", "Celos", "Incompatibilidad", "Deseo", "Comportamiento incierto", "Miedo a perder la dignidad" (el más avieso de los demonios) hacen "plop" una tra otra, en un orden indeterminado: el desorden mismo de la Naturaleza.


La jornada amorosa parece entonces seguir tres etapas (o tres actos): está en primer lugar, instantánea, la captura (soy raptado por una imagen); viene entonces una serie de encuentros (citas, conversaciones telefónicas, cartas, pequeños viajes), en el curso de los cuales “exploro” con embriaguez la perfección del ser amado, es decir la adecuación inesperada de un objeto a mi deseo: es la dulzura del comienzo, el tiempo propio del idilio. Ese tiempo feliz toma su identidad (su clausura) de que se opone (al menos en el recuerdo) a la “secuela”: “la secuela” es el largo reguero de sufrimientos, heridas, angustias, desamparos, resentimientos desesperaciones, penurias y trampas de que soy presa, viviendo entonces sin cesar bajo la amenaza de una ruina que asolana a la vez al otro, a mí mismo y al encuentro prodigioso que en un comienzo nos ha descubierto el uno al otro.


“¿Estoy enamorado? – Sí, porque espero.” El otro, él, no espera nunca. A veces, quiero jugar al que no espera; intento ocuparme de otras cosas, de llegar con retraso; pero siempre pierdo este juego: cualquier cosa que haga, me encuentro ocioso, exacto, es decir, adelantado. La identidad fatal del enamorado no es otra cosa más que ésta: yo soy el que espera.

2 comentarios:

  1. Roland Barthes (1915–1980) fue un filósofo, escritor, ensayista y semiólogo francés.

    Todos sus libros han sido traducidos al español y reimpresos varias veces.

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  2. "Fragmentos de un discurso amoroso" es el laboratorio en el que Barthes ensaya una escritura "de escenas", a mitad de camino entre la entrada de diario íntimo... Es el discurso de un sujeto enamorado, una serie de fragmentos para entender al enamorado: sus dudas, sus miedos, las etapas por las que transita.

    A veces, este flujo de consciencia se torna trágico, dramático, pero al final todos estos pensamientos son similares a lo que cualquier "loco" del amor piensa.

    Una hermosa, amorosa descripción del ser enamorado: mimos, deseo, confidencia, secretos, juego amoroso, en el que el lenguaje se agiganta en medio de los sentidos y los sentimientos.

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