Guardianes que dibujan puentes entre culturas...







Acreditarse o no acreditarse, esa es la cuestión

(por Ester Cabral)

Formo parte de unas treinta listas, más o menos, y no pasa un mes sin que en una o en otra surja la polémica: ¿Acreditación, sí o no?
Los argumentos, a favor o en contra, son bastante similares en todas.

Quienes están en contra dicen que:
El título de la universidad es una acreditación más que suficiente.
Los años de experiencia y las referencias de los clientes valen más que una acreditación.
Los sistemas que usan las distintas asociaciones para otorgar la acreditación dejan un margen demasiado grande para la subjetividad.

Y los que están a favor (como yo, por ejemplo), proclaman que:
Dado que para muchos clientes y asociaciones es el parámetro elegido para seleccionar un traductor, hay que tenerla.
Los clientes potenciales nos toman más seriamente.

Y como yo pertenezco al segundo grupo, es decir, los que estamos a favor de la acreditación, era obvio que una de las primeras acreditaciones que iba a procurar obtener era la de la American Translators Association (ATA), o como me gusta llamarla entre amigos: the mother of all translators associations.

Por supuesto, no es obligatoria. Es más, son muchos los que se niegan a realizar el examen porque consideran que no contempla la forma de trabajo habitual del traductor.
El examen consiste en la traducción de dos trozos, de distintos temas, en papel, utilizando lápiz o bolígrafo, pudiendo tener todos los diccionarios en papel que se quiera. Pero el uso de computadoras, diccionarios en línea, Internet, etc., está absolutamente prohibido. Y francamente, ¿cuántos de ustedes, en pleno siglo XXI traducen escribiendo a mano y sin usar los recursos de la web?

El otro problema es que el examen se da en determinados lugares y nada más. Es decir, que yo, que vivo en Israel, tengo que elegir el sitio que me resulte más cómodo (y menos oneroso, claro).
Y elegí Nueva York, por eso de que cualquier excusa es buena para volver a la big apple. Y allí me fui, media maleta con ropa y casi 20 kilos de diccionarios. ¡Me los lleve todos! Y acá va el primer consejo: no se copien de mí. Además de lo molesto que resulta viajar con tanto bulto, lo concreto es que tanto diccionario marea a la hora de decidir un término. Hay que llevar uno general, uno técnico y uno legal y comercial. Claro, que sean buenos y completos. El examen en si consiste en la traducción, obligatoria, de dos trozos. Y para ello dan dos horas. Y aunque cada media hora nos recuerdan cuánto tiempo falta, lo concreto es que el tiempo alcanza bien. El secreto está en empezar primero con el trozo que nos haga sentir más cómodos. Y después, a esperar 16 semanas para que nos envíen los resultados.

Los exámenes son corregidos por revisores de la ATA, que a su vez son traductores como usted y como yo. Y es verdad, el factor subjetivo tiene un valor muy grande. Pero ¡qué se le va a hacer! Son las reglas del juego y hay que aceptarlas.

Así que acá estoy, esperando la cartita por sí o por no. Si sale sí, pues me pondré muy contenta, agregaré a mi CV la famosa frase “ATA accredited E->S” y seguiré trabajando como hasta ahora. Y si sale no, pues paciencia, cuando llegue la lista de exámenes del año que viene, volveré a elegir un lugar y una fecha y allí estaré con mis diccionarios.

Porque eso es lo que tiene de bueno el examen de acreditación. Que precisamente, por lo subjetivo del sistema de corrección, a nadie se le va a ocurrir que uno tiene que dedicarse a otra cosa porque falló el examen ni los clientes van a huir despavoridos pensando que tenemos la peste.

Ya sé, si me tuvieran enfrente me querrían preguntar: ¿Vale la pena, tanto viaje, tanto gasto? Todo es relativo, para quienes trabajamos con los EE.UU. vale la pena, yo hasta diría que es necesario, porque como dije antes, es el parámetro que utilizan muchas instituciones para seleccionar un traductor. Pero a un traductor cuya principal combinación es japonés-alemán o italiano-español y cuyos clientes se encuentran en Europa, tener la acreditación de ATA no le va a representar muchos beneficios.

Bueno, los dejo, que está por llegar el correo. A ver si me llega la famosa carta.

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