Guardianes que dibujan puentes entre culturas...







Seminario Anual de APIBA y Encuentro con Mona Baker

El Seminario Anual de APIBA se realizará el sábado 4 septiembre de 2010 en el Colegio “Children’s School / Boston College” sito en Charcas 3949, Cap. Fed., con el siguiente programa:





La Asociación Internacional de Profesionales de la Traducción y la Interpretación (AIPTI) (http://www.aipti.org/) pone sobre el tapete un tema clave.

En el marco del "Encuentro con Mona Baker" .

4 de septiembre de 2010: "¿De quién es mi traducción?" (La entrega de las memorias y el derecho de propiedad intelectual). Dr. Guillermo Cabanellas de las Cuevas.

Los traductores escuchamos, desde hace tiempo, lo que varias compañías nos cuentan sobre las maravillas de las memorias compartidas en Internet. Es su punto de vista: nos quieren vender su producto. Ahora bien, ¿tenemos conciencia de la responsabilidad que nos cabe por entregar documentos de nuestros clientes? ¿Entendemos, realmente, que podemos ser demandados por entregar documentos de nuestros clientes a terceros? En definitiva: ¿entendemos que nuestras traducciones no son «nuestras»? El Dr. Guillermo Cabanellas de las Cuevas nos ayudará a entender mejor un tema tan delicado, tan vigente y sobre el que se habla tan poco —al menos— desde el lugar de los traductores.

•´¯`•-☆RINCÓN DE LECTURA☆-•´¯`•(2)


“Andábamos sin buscarnos pero sabiendo que andábamos para encontrarnos”.

“Estudiaba el comportamiento extraordinario del mate, la respiración de la yerba fragantemente levantada por el agua y que con la succión baja hasta posarse sobre sí misma, perdido todo brillo y todo perfume a menos que un chorrito de agua la estimule de nuevo, pulmón argentino de repuesto para solitarios y tristes”.

“... pero qué es el recuerdo sino el idioma de los sentimientos, un diccionario de caras y días y perfumes que vuelven como los verbos y los adjetivos en el discurso, adelantándose solapados a la cosa en sí, al presente puro, entristeciéndonos o aleccionándonos vicariamente hasta que el propio ser se vuelve vicario, la cara que mira hacia atrás abre grandes los ojos, la verdadera cara se borra poco a poco como en las viejas fotos...”

“—¿Qué punto de comparación tenés para creer que nos ha ido bien? ¿Por qué hemos tenido que inventar el Edén, vivir sumidos en la nostalgia del paraíso perdido, fabricar utopías, proponernos un futuro?”

“A veces siento que entre dos que se rompen la cara a trompadas hay mucho más entendimiento que entre los que están ahí mirando desde afuera”.

Su Majestad, la RAE

Hay quienes creen que la Real Academia Española merece algunos buenos tirones de orejas por parte de los hablantes no sólo por la dependencia del gobierno español, como por el criterio de selección de sus miembros —no siempre vinculados a las lides del idioma— y por las contradicciones, ambivalencias y carencias de sus gramáticas y diccionarios.

(por Manuel Seco)

Para el hablante español medio, la autoridad máxima, algo así como el tribunal supremo del idioma, es la Real Academia Española. Esta institución oficial nació, en 1713, con un carácter exclusivamente técnico (diferente del de hoy, que es en gran parte honorífico) y con una finalidad muy definida, que está de manifiesto en su lema: Limpia, fija y da esplendor.

Es decir, su misión era, basándose en el uso de los mejores escritores, establecer una forma precisa y bella de la lengua, exenta de impurezas y elementos superfluos. Con tal objetivo, compuso la Academia su célebre Diccionario en seis volúmenes llamado "de Autoridades" (1726-1739), y más tarde su Ortografía (1741) y su Gramática (1771). La autoridad que desde un principio se atribuyó oficialmente a la Academia en materia de lengua, unida a la alta calidad de la primera de sus obras, hizo que se implantase en muchos hablantes -españoles y americanos-, hasta hoy, la idea de que la Academia "dictamina" lo que debe y lo que no debe decirse. Incluso entre personas cultas es frecuente oír que tal o cual palabra "no está admitida" por la Academia y que por lo tanto "no es correcta" o "no existe".

En esta actitud respecto a la Academia hay un error fundamental, el de considerar que alguien -sea una persona o una corporación- tiene autoridad para legislar sobre la lengua. La lengua es de la comunidad que la habla, y es lo que esta comunidad acepta lo que de verdad "existe", y es lo que el uso da por bueno lo único que en definitiva "es correcto".

La propia Academia, cuando quiso imponer una determinada forma de lengua, no lo hizo a su capricho, sino presentando el uso de los buenos escritores. La validez de un diccionario o de una gramática en cuanto autoridades depende exclusivamente de la fidelidad con que se ajusten a la realidad de la lengua culta común; ninguna de tales obras ha de decirnos cómo debe ser la lengua, sino cómo es, y por tanto su finalidad es puramente informativa. Se puede buscar en ellas orientación, no preceptos.

La actitud de reverencia ciega a la Academia, unida a la adhesión literal a uno de los principios de fundación de ésta, da lugar a la posición purista, que rechaza cualquier palabra nueva por ser extranjera o simplemente por ser nueva. El punto de partida de esta postura es el de suponer que una lengua es una realidad fija, inmutable, perfecta; ignorando que tiene que cambiar al paso que cambia la sociedad que la habla, y que, al ser un instrumento al servicio de los hablantes, éstos la van adaptando siempre a la medida de sus necesidades.

Pero no debe confundirse el purismo, tradicionalista y cerrado, desdeñable por absurdo, con una conciencia lingüística en los hablantes -realista y crítica a la vez- que con sentido práctico sepa preferir, entre las varias formas nuevas que en cada momento se insinúan, las más adecuadas a los moldes del idioma, y que, reconociendo la necesidad de adoptar extranjerismos, sepa acomodarlos a estos mismos moldes. El desarrollo de tal conciencia lingüística sería uno de los mejores logros de una buena enseñanza de la lengua.

Si la lengua es de todos; si nadie, ni Academia ni gramáticos, la gobiernan ¿cómo se mantiene su unidad? Ya hemos dicho que el instinto general de conservar el medio de comunicación con los demás, necesidad de toda sociedad, es lo que frena y contrarresta la tendencia natural a la diversidad en el hablar. Este instinto es el que establece las normas que rigen en cada comunidad.

Aunque es indudable la existencia de una norma en la lengua, también es innegable que no existe "una" norma. La supernorma, la norma general, es, desde luego, la lengua culta escrita, que presenta una clara uniformidad básica en todo el mundo hispanohablante; pero el uso cotidiano se fragmenta en normas menores, variables según la geografía y según los niveles, que, sin romper la unidad general del idioma, ofrecen a menudo matices muy peculiares. A esta variedad de normas, y no sólo a una dogmática norma unitaria, debe atender una enseñanza realista de la lengua, en beneficio de los hablantes y de la propia lengua.

Escribir es traducir; traducir es escribir

(por Alicia Zorrilla, Presidenta y Directora Académica de la Fundación LITTERAE)

Como estos no son tiempos de poesía porque así lo quieren muchos hombres que no ven más que la tierra convertida en trivial materia; el cielo, en una nota a pie de página, y que no se atreven a sacudir de sí la indolencia, hemos recurrido a la poesía —no nos resignamos a olvidarla— para interpretar desde su altura dos momentos de secreta y gozosa intimidad: escribir y traducir. Escribir es traducir; traducir es escribir. Todas las palabras nos dicen cuando las decimos. Todas las palabras aspiran a alcanzar el estado de gracia de la obra de arte.

Escribir
significa consagrarse a la esperanza; entregar a los demás, con el corazón asombrado, el silencio gozoso que vive el alma en un tiempo sin relojes, más allá de la fatigosa nostalgia; en un instante sagrado que convoca la alegre pequeñez de un recuerdo, el adiós inolvidable de una tarde sin sombras verdaderas o un rostro inmemorial que se reconstruye para seguir siendo. "Los misterios son de la esperanza", murmura Fernando Pessoa detrás del jardín de su escritura. Y Jean Guitton parece contestarle: "Hay que permanecer fiel a la esperanza...", pues "si desfallece la esperanza, el presente cae en la melancolía".

Escribir significa amanecer para que se disipe la niebla vacía, y los ángeles tengan un lugar para sus alas. Cada palabra es una hazaña solitaria, plural como el universo, que le devuelve al aire el regocijo de tener todo el espacio para celebrar con coraje la aventura de su vuelo. Cada palabra, un sendero, una ruta, un camino para llegar al hombre y multiplicarlo por todos los hombres. Cada palabra, la vida; una vida sin máscaras, que es cósmica en el verdor de una hoja, en la tristeza del globo que pierde al niño que lo ama; una vida que no siempre juega tímida a la rayuela envuelta en el esplendor de la verdad.

Escribir significa amanecer con las manos agradecidas y en paz, para que el hombre sepa florecer sin cadenas y pueda convivir con la belleza.

Escribir es no ser el de antes; penetrar otra dimensión, casi religiosa, para que las palabras prediquen como semillas sus profecías. "Larga repercusión tienen las palabras", murmura Jorge Luis Borges desde el fervor de su escritura.

Traducir, en cambio, es ser libremente cautivos para comunicar cómo cada idioma siente el universo, cómo recorre otros adentros para revelar la sed de esa tierra espiritual que engendra el texto; traducir es ser, en el silencio, la voz de otra música y llegar a la cumbre de otro viento sin pausa, siempre sin pausa, para celebrar con otras palabras el alba primordial de las estrellas y hacer sentir hondamente el temblor de la piedra en el corazón de las estatuas.

Traducir es conducir a otra orilla después de haber penetrado el mar arduamente, porque todos los pasos cuestan cuando no se quiere desvirtuar el secreto de la creación.

Traducir significa revelar otra pasión con la propia; cuidar con celo la palabra original para que encuentre su ambiente en el otro idioma y diga lo mismo sin decir lo mismo, y haga visible lo que permanece oculto.

Escribir
y traducir. En ambos verbos, ocho letras: perfecta simetría. El eje es el arte que los deja mirarse en el mismo espejo, desnudarse a la luz de la misma lumbre, en un delicado juego de afinidades. Dos momentos de un mismo rito, de la ceremonia de decir el mundo y de volver a decirlo. Escribir y volver a escribir para que se cumpla la misión borgesiana de "cambiar en palabras nuestra vida".

Escribir porque duelen las palabras, porque la felicidad existe, es posible.

Traducir para compartir ese dolor y esa exultación.

Escribir para que el papel sienta el temblor de la historia.

Traducir para recuperar las realidades de esa historia y entregarlas sublimadas; para que la ternura de la letra alcance la discreción de la virtud.

Escribir para poetizar la ética, para ser entero en cada voz.

Traducir
para consagrar el tiempo de la otra escritura a la transparencia de una mañana nueva constelada de pájaros en éxtasis. Entonces, como dice Octavio Paz desde su palabra encendida, "todo es inacabable nacimiento".

Las 5 vocales

Carta dirigida a la escritora Lucía Echevarría.

La famosa escritora dijo en una entrevista que "murciélago" era la única palabra en el idioma español-castellano, que contenía las 5 vocales, y D. José Fernando Blanco Sánchez envió esta carta a un periódico para ampliar su conocimiento.

"Acabo de ver en la televisión estatal a Lucía Echevarría diciendo que 'murciélago' es la única palabra en nuestro idioma que tiene las cinco vocales.
¡Confiturera, frene la euforia! Un arquitecto escuálido llamado Aurelio (o Eulalio... o Ausencio) dice que lo más auténtico es tener un abuelito que lleve un traje reticulado y siga el arquetipo de aquel viejo reumático, desahuciado y repudiado, que consiguiera en su tiempo ser esquilado por un comunicante que cometía adulterio con una encubridora cerca del estanquillo (sin usar estimulador).

Señora escritora: si el peliagudo enunciado de la ecuación la deja irresoluta, olvide su menstruación y piense de modo jerárquico. No se atragante con esta perturbación, que no va con su milonguera y meticulosa educación, y repita conmigo, como diría Cantinflas: ¡Lo que es la falta de ignorancia!"


Fdo.: José Fernando Blanco Sánchez



Acreditarse o no acreditarse, esa es la cuestión

(por Ester Cabral)

Formo parte de unas treinta listas, más o menos, y no pasa un mes sin que en una o en otra surja la polémica: ¿Acreditación, sí o no?
Los argumentos, a favor o en contra, son bastante similares en todas.

Quienes están en contra dicen que:
El título de la universidad es una acreditación más que suficiente.
Los años de experiencia y las referencias de los clientes valen más que una acreditación.
Los sistemas que usan las distintas asociaciones para otorgar la acreditación dejan un margen demasiado grande para la subjetividad.

Y los que están a favor (como yo, por ejemplo), proclaman que:
Dado que para muchos clientes y asociaciones es el parámetro elegido para seleccionar un traductor, hay que tenerla.
Los clientes potenciales nos toman más seriamente.

Y como yo pertenezco al segundo grupo, es decir, los que estamos a favor de la acreditación, era obvio que una de las primeras acreditaciones que iba a procurar obtener era la de la American Translators Association (ATA), o como me gusta llamarla entre amigos: the mother of all translators associations.

Por supuesto, no es obligatoria. Es más, son muchos los que se niegan a realizar el examen porque consideran que no contempla la forma de trabajo habitual del traductor.
El examen consiste en la traducción de dos trozos, de distintos temas, en papel, utilizando lápiz o bolígrafo, pudiendo tener todos los diccionarios en papel que se quiera. Pero el uso de computadoras, diccionarios en línea, Internet, etc., está absolutamente prohibido. Y francamente, ¿cuántos de ustedes, en pleno siglo XXI traducen escribiendo a mano y sin usar los recursos de la web?

El otro problema es que el examen se da en determinados lugares y nada más. Es decir, que yo, que vivo en Israel, tengo que elegir el sitio que me resulte más cómodo (y menos oneroso, claro).
Y elegí Nueva York, por eso de que cualquier excusa es buena para volver a la big apple. Y allí me fui, media maleta con ropa y casi 20 kilos de diccionarios. ¡Me los lleve todos! Y acá va el primer consejo: no se copien de mí. Además de lo molesto que resulta viajar con tanto bulto, lo concreto es que tanto diccionario marea a la hora de decidir un término. Hay que llevar uno general, uno técnico y uno legal y comercial. Claro, que sean buenos y completos. El examen en si consiste en la traducción, obligatoria, de dos trozos. Y para ello dan dos horas. Y aunque cada media hora nos recuerdan cuánto tiempo falta, lo concreto es que el tiempo alcanza bien. El secreto está en empezar primero con el trozo que nos haga sentir más cómodos. Y después, a esperar 16 semanas para que nos envíen los resultados.

Los exámenes son corregidos por revisores de la ATA, que a su vez son traductores como usted y como yo. Y es verdad, el factor subjetivo tiene un valor muy grande. Pero ¡qué se le va a hacer! Son las reglas del juego y hay que aceptarlas.

Así que acá estoy, esperando la cartita por sí o por no. Si sale sí, pues me pondré muy contenta, agregaré a mi CV la famosa frase “ATA accredited E->S” y seguiré trabajando como hasta ahora. Y si sale no, pues paciencia, cuando llegue la lista de exámenes del año que viene, volveré a elegir un lugar y una fecha y allí estaré con mis diccionarios.

Porque eso es lo que tiene de bueno el examen de acreditación. Que precisamente, por lo subjetivo del sistema de corrección, a nadie se le va a ocurrir que uno tiene que dedicarse a otra cosa porque falló el examen ni los clientes van a huir despavoridos pensando que tenemos la peste.

Ya sé, si me tuvieran enfrente me querrían preguntar: ¿Vale la pena, tanto viaje, tanto gasto? Todo es relativo, para quienes trabajamos con los EE.UU. vale la pena, yo hasta diría que es necesario, porque como dije antes, es el parámetro que utilizan muchas instituciones para seleccionar un traductor. Pero a un traductor cuya principal combinación es japonés-alemán o italiano-español y cuyos clientes se encuentran en Europa, tener la acreditación de ATA no le va a representar muchos beneficios.

Bueno, los dejo, que está por llegar el correo. A ver si me llega la famosa carta.

El arte de insultar en español


[Extraído de: http://clubdetraductoresliterariosdebaires.blogspot.com/]


En la librería Barnes & Noble venden un libro para insultar y maldecir en español destinado a los turistas que visitan España y olviden las buenas maneras en casa.

El libro se titula en inglés 100 of the best curses and insults in Spanish (editado por Harper Collins Publishers e imprimido en China).

Viene el insulto en español, su traducción literal al inglés y, en ocasiones, una expresión en inglés equivalente.

Algunos ejemplos del libro:

- Tienes más morro que una lata de callos caducada. Literalmente: You have got more snout than a tin of tripe past its sell-by-date. Significado:
You’ve got some nerve.

- Estás tan gorda que tu último pedo se midió en la escala Richter:
You are so fat that your last fart was measured on the Richter scale.

- Eres más feo que enviar a tu abuela a por droga:
You are uglier than sending your granny to buy you some drugs.

- Tienes menos gracia que Kung Fu bailando sevillanas:
You are as graceful as Kung-fu dancing flamenco.

- Pendón desorejado. Literalmente: Whore without ears. Expresión equivalente:
Whore.

- Eres más aburrida que un mosquito lobotomizado:
You are more boring than a lobotomized mosquito.

- Sois un verdadero coñazo. Lieralmente: You are a c**nt. Expresión equivalente:
You are a pain in the neck.

- Os voy a partir la cara a hostias: I am going to kick your face.

- Capullo, vas a timar a tus muertos: Pr**ck, go and cheat your dead.

- Tienes más magnetismo que un bocata de imanes:
You’ve got as much magnestism as a magnet sandwich.

- Vete a freír espárragos. Literalmente: Go and fry some asparagus. Expresión equivalente:
Get lost.

- Tienes más cara que espalda. Literalmente: Your face is bigger than your back. Expresión equivalente: You’ve got some nerve.

- Eres más pesado que una vaca en brazos. Literalmente: You are heavier than carrying a cow. Expresión equivalente.
You are being a pain in the ass.

- Eres más basto que unas bragas de esparto:
You are coarser than underwear made of sparto grass fabric.

- ¡Podéis acabar de una puta vez! Sois más lentos que una procesión de berberechos:
Hurry the f**ck up. You are slower than a procession of cockles.

(P.D.: Los asteriscos de los insultos en inglés venían en el libro.)