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Un adjetivo para la Unión Europea

por ANDRÉS LÓPEZ CIRUELOS (traductor médico, Alemania)

En su artículo «La Unión Europea busca su adjetivo» (puntoycoma n.º 116), Alberto Rivas Yanes analiza una cuestión planteada anteriormente en esta misma revista por Antonio Ballesteros, Josep Bonet y María Valdivieso, entre otros: la necesidad de encontrar un adjetivo para la Unión Europea.

Afirma Rivas Yanes que,
con la desaparición de la Comunidad Europea como entidad jurídica, el adjetivo «comunitario» ya solo designa una realidad del pasado.

En efecto, «Unión Europea» es una nueva denominación que necesita un nuevo adjetivo.

Propuestas
El adjetivo que buscamos se formará de acuerdo con los mecanismos propios del español, evitará el solapamiento de conceptos geográficos y conceptos políticos, se aplicará específicamente a la Unión Europea y será un vocablo «lingüísticamente flexible».

Para resolver el problema geografía-política, el adjetivo derivado de la palabra «Europa» no podrá ser «europeo » si tenemos en cuenta la falta de coincidencia entre el territorio (Europa) y el área de actuación de la entidad política (Unión Europea).

Además de utilizar la raíz basada en la palabra «Europa», el adjetivo tendrá una de las desinencias -ino, -inio, -ano, -ero, ense, -eco, -eño, -ato, -és.

Los posibles adjetivos serían entonces europino, europinio, europano, europero, europense, europeco, europeño, europato y europés.

Con el fin de rastrear el uso de dichos adjetivos, y sin ningún valor más allá del meramente estadístico, se ha realizado una búsqueda en páginas publicadas en Internet en español y se ha obtenido el siguiente resultado:

- La primera terminación ya ha sido utilizada. «El europino, con valor de 1 unidad y múltiplo de 5 unidades, emitido por el Consejo de Europa, moneda de plata acuñada en Hamburgo en 1952, estuvo a punto de servir a esta idea de Europa, pero fue retirada antes de circular».

- Europinio es el adjetivo para Europa en lituano.

- Europano es el adjetivo para Europa en «occidental», idioma creado por Edgar de Wahl.

- Europero aparece como adjetivo en numerosas páginas de Internet. Posiblemente la presencia de la segunda erre se deba a que los autores se equivocaron al teclear (en español -ero es una terminación mucho más frecuente que -eo), o bien pensaron que la terminación «eo» es incorrecta y que en realidad la palabra debe llevar esa erre.

- Europense es un término que utilizó Isidoro de Sevilla en una crónica para referirse a los seguidores de Carlos Martel que resistieron la embestida de los musulmanes.

- Europeco muestra coincidencias con la forma utilizada en esperanto para construir los genéricos.

Los tres términos restantes (europeño, europato y europés) apenas aparecen en la Red en español, pero podrían tomarse en consideración.
De ellos, «europato» es una de esas palabras con una fonética muy distintiva, pero al mismo tiempo con evocaciones burlescas, razón por la que queda descartada.
«Europeño» hace el femenino «europeña», otra vez con evocaciones poco convenientes, razón por la que también se descarta.
Por lo tanto, desde un planteamiento «EConvencional», propongo como adjetivo para la Unión Europea el vocablo «europés» con sus diferentes formas gramaticales (europés, europesa, europeses, europesas).

Considero suficiente el uso de este adjetivo para su aplicación tanto a personas, como a entidades, a instituciones y a cualquier otra realidad propia de la Unión Europea. No obstante, podría ser interesante la creación de otro adjetivo del tipo «europeico» para referirse a realidades cuya naturaleza, por alguna razón, no permitiera la aplicación del adjetivo «europés».

Incorporando mis propuestas a las ya realizadas por María Valdivieso y Rivas Yanes, la tabla de contingencia quedaría, pues, de la siguiente forma:

Convencional
U: unionense,
E: europés, europeico,
UE: unieuropeo

Innovador
unionitario


Ignoro la razón por la que el hispanohablante prefiere las palabras largas y complicadas, pero invito desde aquí a la osadía y animo a huir de ejemplos como «peatonalización», «desprofesionalización» e «instrumentalización», vocablos que en nada contribuyen a crear un idioma ágil, flexible y adaptable. Lo bueno si breve…

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